La teoría del apego intenta descubrir y explicar la formación, el desarrollo y la pérdida de los vínculos afectivos durante toda la vida.

Se trata de un modo de concebir la propensión que muestran los seres humanos a establecer sólidos vínculos afectivos con otras personas determinadas y explicar las múltiples formas de trastorno emocional y de alteraciones de personalidad, incluyendo aquí la ansiedad, la ira, la depresión y otros comportamientos emocionales que ocasionan la separación involuntaria y la pérdida de seres queridos.

El punto clave de la tesis es que existe una intensa relación causal entre las experiencias de un individuo con sus progenitores y su posterior capacidad para establecer vínculos afectivos, y que ciertas variaciones de dicha capacidad, que se manifiestan en problemas conyugales y conflictos con los hijos, así como en trastornos de personalidad, pueden atribuirse a determinadas variaciones de los modos de desempeñar los padres sus correspondientes roles.

apego

El comportamiento de apego es concebido como una forma de conducta que consiste en que un individuo consigue o mantiene proximidad con otra persona diferenciada, y preferentemente individual, que es considerada, en general, como más fuerte y/o más sabia. Es especialmente evidente durante la temprana infancia. El comportamiento de apego se considera que es propio de los seres humanos desde la cuna hasta la sepultura. Incluye el llanto, las llamadas de atención (que dan lugar a asistencia o cuidados), el seguimiento y adhesión, así como una intensa protesta si el niño se queda solo o con personas extrañas. Con la edad disminuye la intensidad con la que se manifiesta este comportamiento.

El vínculo que une al niño con su madre, es la denominada conducta de apego. Bowlby establece una serie de generalizaciones en cuanto a las características de la conducta de apego:

  • Tiene su propia dinámica (no es sexual ni alimentaria).
  • Lleva al establecimiento de vínculos afectivos o apegos en primer lugar con los progenitores y, posteriormente, con otros adultos. Las formas de comportamiento y los vínculos derivados de ellos están presentes y activos durante toda la vida.
  • Modificada por sistemas de conducta que se van corrigiendo.
  • La meta de la conducta de apego es mantener ciertos grados de proximidad o de comunicación con las figuras de apego.

Desarrollo de la conducta de apego: Fases

  1. Infancia: partimos de la premisa del hecho empírico de que en los doce primeros meses de vida, el niño desarrolla un fuerte vínculo de afecto con una figura materna que, posteriormente, amplía a otras figura adultas del entorno. Pautas como succión, aferramiento, seguimiento, sonrisa y llanto contribuyen a fijar el vínculo de afecto. No afecta tanto el volumen de tiempo como la intensidad de la relación progenitor-hijo para el desarrollo de un apego específico. El patrón de relaciones familiares que se experimenta en la infancia es de crucial importancia para el posterior desarrollo de la personalidad.
  2. Adolescencia: el vínculo afectivo que une al hijo con sus padres comienza a debilitarse. Otros adultos comienzan a revestir para él igual o mayor importancia que las figuras paternas, y el cuadro se completa con la atracción sexual que experimenta por congéneres de su misma edad. En la mayoría de los casos, el vínculo con los padres se mantiene durante la vida adulta y afecta a la conducta de muchas maneras.
  3. Madurez: las figuras de apego, que hasta ahora pertenecían a generaciones anteriores o la propia, se amplían ahora ante la aparición de otras personas (hijos, nietos, sobrinos… ).